jueves, 26 de febrero de 2026

Arquitectura sensible

Neuroarquitectura y biofilia, 

como crear espacios vitales

 

El neologismo de moda nace de la investigación científica de las reacciones psico-sensoriales frente al ambiente, y en particular la interacción neuronal con el espacio construido, el hecho arquitectónico.

 

Considerar los principios neuronales y las funciones cognitivas es el modo de construir sensible con la vida que la “bioconstrucción” lleva haciendo desde hace siglos, siguiendo patrones de arquitectura tradicional que surgen de la observación del medio natural con los cinco sentidos. Lo mismo que hace un gorrión para construir su nido, o las termitas edificando el termitero, esta sería la primera bioconstrucción fruto del instinto animal.

 

La neuroarquitectura y el diseño biofílico permiten crear espacios vitales, que contribuyen al wellness, ese bienestar integral con equilibrio entre mente, cuerpo y emociones, mediante el diseño sensible del hábitat construido.

 

La neuroarquitectura se define hoy como una disciplina que combina la neurociencia cognitiva y la arquitectura ecológica para diseñar espacios físicos que mejoren el bienestar, la salud mental, la productividad y las emociones de las personas.

Vemos cómo el entorno construido —luz, formas, materiales y distribución— afecta a nivel cognitivo, alterando el sistema nervioso y modificando emociones, pensamientos y comportamiento humano.

 

La historia humana se ha desarrollado en pleno contacto con la naturaleza, la mayor parte del tiempo al aire libre, pero hoy pasamos casi del 90% de nuestros días en espacios interiores, encerrados entre cuatro paredes.

La neurociencia nos muestra que el urbanismo, la construcción y el mobiliario crean estímulos sensoriales que modifican la estructura cerebral, incluso creando células nerviosas en el hipocampo, confirmando la neuroplasticidad del cerebro en función del entorno habitado.

 

La neuroarquitectura analiza como diferentes ambientes pueden influir en estados como el estrés, las emociones, la memoria o incluso el aprendizaje. Los elementos son muy básicos, luz y color, agua y vegetales, madera y barro… elementos naturales dispuestos con formas y proporciones orgánicas, evitando el cubo y el ángulo recto, siguiendo las pautas de la geometría sagrada que nos muestra la naturaleza.

Una arquitectura realmente ecológica, debe ser a la vez saludable y sostenible, un espacio que aporta confort y salud para el residente, y al mismo tiempo minimiza los impactos sobre el medio natural, reduciendo la huella ecológica sobre el planeta.

 

Descubrimos que tenemos biofília, una afinidad innata, genética y evolutiva que sienten los seres humanos por la naturaleza y los seres vivos. Este concepto definido por Erich Fromm como “amor a la vida”, sugiere que el contacto con entornos naturales es una necesidad básica para la salud física y la paz mental, promoviendo el bienestar y la reducción del estrés.

Su antagonista es la necrofilia, el gusto por la muerte, por lo muerto, por todo lo artificial, y podemos elegir entre acariciar una madera natural en vez de un plástico de síntesis, y es la diferencia sensible entre pisar un césped, un suelo vivo, o caminar sobre un pavimento duro, de asfalto y hormigón.

 

Llevamos décadas denunciando el “déficit de naturaleza”, en todas las formas que podemos entender el concepto natura, como la primera causa de todas las alteraciones de la salud física, mental y espiritual.

La biofilia no es solo un preferencia estética, sino una necesidad biológica profunda, y la simple visión del sol, del cielo o del mar puede reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y producir liberación de neurotransmisores, como dopamina y serotonina, que regulan el placer y la paz emocional.

 

La Domobiótica como biología de la casa, es el arte y técnica para lograr la casa sana, integrando neurociencia, biofilia, permacultura o bioclimática, creando espacios sensibles siguiendo la tradición de la bioconstrucción, e incorporando la visión moderna de la baubiologie.

 

© Carlos Requejo. Domobiotik. Feb.26

 

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