Déficit
de naturaleza
La falta de contacto con el medio natural está en el origen de todas las patologías sanitarias y sociales
Todos
hemos leído la maravillosa historia de Heidi (Johanna Spyri,
1880), una
niña saludable y sonrosada que entraba en depresión y caía
enferma al llegar a Frankfurt y solo se curaba al volver a sus
montañas en los Alpes.
El
llamado síndrome de Heidi es el antecesor de lo que hoy
definimos como “trastorno por déficit de naturaleza” (o
síndrome TDN). Es una afección que aún no tiene diagnóstico
médico, pero que podemos definir como el impacto nocivo sobre la
salud física y mental que causa el alejamiento del mundo natural.
El
síndrome TDN aún no han sido sistematizado clínicamente, pero
se relaciona con síntomas muy evidentes, como ansiedad, estrés,
fatiga atencional, déficit de concentración, apatía,
irritabilidad, aumento
de la miopía... e
incluso depresión.
También
ha sido asociado con patologías en rápido crecimiento, como
obesidad, enfermedades
cardiovasculares, asma,
enfermedades respiratorias, trastorno por déficit de atención, e
hipovitaminosis D, por falta de sol.

Bosque
de hayas
El
concepto ha sido popularizado en el libro “Los últimos niños
del bosque” publicado
en 2005, por
el escritor y periodista Richard Louv, cofundador de
Children and Nature Network (Red Niños y Naturaleza).
La
idea no es nueva, ya Rachel Carson (Primavera silenciosa, 1962),
bióloga y pionera del movimiento conservacionista, reivindicaba la
necesidad de despertar en los niños y niñas el sentido del
asombro ante la naturaleza (Help your child to wonder, 1954).
Igualmente
David Sobel, co-fundador y director de Harrisville Children’s
Center, ha desarrollado la filosofía de la educación basada en el
lugar, y planteaba la importancia de ofrecer experiencias
transcendentales en la naturaleza.
“Si
queremos que los niños se desarrollen saludablemente debemos darles
tiempo para conectar con la naturaleza y amar la Tierra, antes de
pedirles que la salven” David
Sobel
Heike
Freire, psicóloga, filósofa, escritora e investigadora en
educación, en su libro Educar en Verde (2011), nos ofrece ideas
para acercar a niños y niñas a la naturaleza.
“Los
niños y niñas de hoy pasan la mayor parte de su tiempo en
espacios cerrados, sentados, mirando una pantalla y, prácticamente,
ya no disfrutan de momentos de juego autónomo al aire libre. Su
creciente aislamiento del mundo natural se intenta compensar con un
exceso de productos y tecnología que suplantan a los seres de la
naturaleza. Los niños necesitan la naturaleza. Se sienten
espontáneamente atraídos por ella y, en su contacto, se
desarrollan de forma más saludable a todos los niveles: físico,
emocional, mental, social y espiritual. Estar al aire libre, en
interacción directa con la vida, debería ser reconocido (y
ejercido) como un derecho fundamental de la infancia, en nuestras
sociedades.” Educar
en Verde (Grao, 2011).
Cuando
estamos estresados y con signos de fatiga, mejoramos al estar en
contacto con la naturaleza, la
Vitamina N. La
falta de la interacción cotidiana con el medio natural puede llegar
a provocar incluso depresión. Es evidente que necesitamos estar en
contacto con la naturaleza para alcanzar la salud tanto psicológica
como física.
La
literatura nos ofrece escenarios post-apocalípticos como Mad
Max, donde
el alejamiento de la naturaleza y el abuso de tecnologías
agresivas, ponen a la especie humana al borde de la supervivencia.
Por
el contrario encontramos creaciones literarias futuristas que se
centran en los valores ecológicos como la gran novela Ecotopía
(Ernest
Callenbach, 1975), clave para el movimiento ecologista de los años
setenta, que muestra una sociedad que renuncia a la tecnología y
vive en armonía con el medio ambiente, o la película Avatar
(James
Cameron, 2009) que aporta un fuerte mensaje ecologista, incluye una
dimensión espiritual de la naturaleza, que es vista como un todo
sagrado.
Arquitectura verde
El
concepto de arquitectura y urbanismo está cambiando, los aspectos
ecológicos son cada vez más valorados por el mercado, y aparecen
neologísmos como “biocompatible” para definir sistemas,
instalaciones o materiales que sean compatibles con la vida y la
salud, o yendo más allá el “diseño biofílico”,
literalmente el diseño que ama la vida.
Cada
vez es más evidente que incorporar elementos naturales en el
espacio habitado elimina estrés, mejora la productividad, reduce el
absentismo, además revaloriza la propiedad, y se traduce en una
mejoría de la salud de la población.

Barrio
ecológico
Necesitamos
incorporar naturaleza al espacio donde vivimos, trabajamos,
aprendemos y jugamos, también donde dormimos, crear
ecosalud, para
estar sanos y felices y somos conscientes de que no basta con una
simple maceta.
El
alejamiento de lo natural, en particular ese intento suicida de
“asfaltar el mundo” se traduce en alteración del clima,
favorece el cambio climático, con extinción de especies tan
esenciales como los insectos polinizadores, o las aves insectívoras.
Este
colapso de la biodiversidad puede estar en el origen de la ola de
epidemias que sufrimos cada pocos años (Influenza H5N8, SARS, MERS,
H2N5, Gripe Aviar HSN1, Gripe Porcina H1N1... la famosa gripe A),
hasta la catastrófica pandemia del coronavirus.
Necesitamos
ecologizar el mundo... absorber carbono, proteger los bosques, los
ríos y los océanos, recuperar biodiversidad y sobre todo crear
ciudades en armonía con la naturaleza, donde los paisajes urbanos
sean menos tecnológicos y más naturales.
El
nuevo “ecourbanismo” debe armonizar naturaleza y tecnología,
por ejemplo plantando árboles y creando corredores verdes,
facilitando el acceso del ciudadano a los espacios naturales,
considerando las rutas migratorias de aves, y facilitando la
supervivencia de abejas y mariposas.
La
ciudad ecológica debe incorporar techos verdes, patios verdes,
jardines verticales, pavimentos blandos, permeables, para crear un
hábitat urbano sin riesgo de inundación, sin polución... con
aire limpio y fresco.
Podemos
repoblar el campo, facilitar la recuperación de pueblos
abandonados y potenciar las comunicaciones y los servicios de las
pequeñas ciudades... vitalizando la España vaciada. Bosques y
praderas comestibles, granjas orgánicas, artesanos de lo natural,
escuelas de naturaleza y salud... interconectados por Internet. Más
naturaleza, significa riqueza económica, revaloriza las
propiedades, y crea nuevos empleos verdes.
Este
cambio de conciencia empieza por la educación, por ejemplo podemos
enseñar a los niños a cultivar y cocinar sus alimentos, a
construir un refugio, a sobrevivir en el medio natural, a observar el
flujo de la vida, para lograr una mente híbrida que aúne la
tecnología y la naturaleza, integrando el mundo mundo natural y
virtual.
Y
desde luego podemos educar a los maestros, a los médicos, a los
arquitectos, a los sociólogos, y por supuesto a los políticos, en
una nueva disciplina transversal, la salud ambiental. Debemos
descubrir que el déficit de naturaleza, igual que el exceso de
tecnología, pone en peligro a las nuevas generaciones. Sabemos que
la inversión en naturaleza tiene beneficios tangibles, tanto en
salud como en economía.
Beneficios
del contacto con la naturaleza
Si
queremos una mejora física, psicológica y espiritual, podemos
recuperar prácticas de salud como el baño de bosque, permitir a
los niños mancharse de barro, pisar la tierra descalzo para
descargar el electroestrés.
Son
evidentes los beneficios del medio natural, basta con hacer escapadas
a entornos naturales para notar beneficios como:
-
Disminución
de la presión arterial
-
Bajar los
niveles de ansiedad o depresión, déficit de atención o
hiperactividad.
-
Mejora del
sueño.
-
Fortalecimiento
del sistema inmune.
-
Mejora de
la autoestima.
-
Mayor
capacidad de atención.
-
Incremento
de la energía y la vitalidad.
-
Incremento
de la capacidad cerebral y de la claridad del pensamiento.
-
Mejora
de la creatividad y la intuición.
Según
los expertos del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal),
la ciudad del futuro debe ser una ciudad verde, una ciudad que integre arquitectura y naturaleza.
Reconocemos
la conexión con la naturaleza como un derecho humano esencial, y hace años
que propugnamos el reconocimiento formal de Los Derechos Vitales.
©
Carlos Martínez Requejo
Capítulo
del programa
de formación
en Domobiótica “Casa Sana o Casa Enferma” Ed.
2020.
Palabras clave: Síndrome Heidi, trastorno por déficit de naturaleza, armonía con el medio natural, baño de bosque, pisar tierra, arquitectura verde, barrio ecológico, ecourbanismo.