martes, 18 de enero de 2022

 

La construcción, cáncer del planeta

Casa sana, ciudad sana, planeta sano

Los impactos de la urbanización a escala mundial nos muestran la ciudad como el auténtico cáncer del planeta. A partir de los núcleos urbanos una malla creciente de asfalto y hormigón cubre la Tierra, parece que un dios de la guerra nos está gritando: Asfaltad el mundo!

Más del 50% de la población mundial vive ya en ciudades, la mayoría de ellas poco habitables y menos sostenibles, y este crecimiento de la urbanización se incrementa. Solo en China se planea construir más de 400 ciudades nuevas en los próximos 20 años y unos 300 millones de chinos cambiarán su estilo de vida tradicional agrícola por el urbano cosmopolita.

Gracias al despertar ecológico somos conscientes de los impactos ambientales de la actividad humana, por ejemplo, la visión satélite nos muestra el impacto de la deforestación, muy visible en la cuenca amazónica. El medio natural retrocede devorado por la agricultura intensiva para alimentar la gran ciudad, y la mitad de la superficie de bosques y selvas del planeta ya ha desaparecido a causa de la civilización.

El espacio verde, originalmente ocupado por el bosque, deja su lugar a un territorio ocre, erosionado y yermo, donde la vida no tiene ya lugar. Esa penetración en el medio natural surge de la ciudad a través de la red de carreteras, abriendo acceso fácil al tráfico automóvil depredador.

En paralelo, una nube de polución atmosférica envuelve las áreas industriales y urbanas y se extiende a su alrededor, contaminando todo su entorno, alcanzando cientos de kilómetros. De modo menos visible los vertidos de aguas contaminadas procedentes de los núcleos urbanos, y su entorno industrial, contaminan los acuíferos subterráneos , luego los cauces fluviales, y finalmente el mar. Ruido, estrés, insomnio, o la merma de salud, son otros impactos nocivos del hecho urbano, difíciles de cuantificar y que raramente aparecen en las estadísticas.

Debemos tomar conciencia de que la imparable actividad de construcción (y deconstrucción) de edificios e infraestructuras, tiene una enorme ”huella ecológica”, considerando todo el ciclo de vida de los materiales, desde las materias primas, hasta su fabricación, transporte, uso y reciclado.

Podemos afirmar que el sector construcción es el primer cáncer del planeta, pues genera la mayor parte de toda la contaminación física, química y energética sobre el medio natural, considerando residuos, vertidos, efluentes y radiaciones. En conjunto la construcción genera más impacto ambiental que la agricultura, la industria y el tráfico sumados.

Según Worldwatch Institut de Washington, más del 60% de todos los impactos nocivos sobre la biosfera los genera el sector de la construcción, por su gran consumo de recursos, suelo, materiales, agua y energía. De ahí que no sea viable la ecología profunda sin rediseñar el hábitat urbano y el modo en que construimos ciudades.

Por ejemplo, la industria de la construcción es responsable de más de la tercera parte de las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) y genera cerca del 40% de los residuos generados por la humanidad. Y el gasto energético de las ciudades es insostenible, y crece cada año, solo la iluminación representa cerca del 20% del consumo mundial de electricidad.

Las industrias ligadas al sector construcción (amianto, PVC, aluminio, acero, petroquímica), son enormes consumidores agua, energía y materias primas. Las cementeras tienen el dudoso honor de ser líderes en impacto ambiental, con un gran consumo de energía pues los enormes hornos giratorios funcionan a una temperatura de 1400 ºC. Además generan desechos líquidos, emisiones de polvo (nanopartículas), y gases tóxicos que se detectan a muchos kilómetros, con notable impacto ambiental y sanitario, como bien saben los vecinos de la cementera Lafarge en Montcada.

La extracción de las materias primas, minas y canteras, es otra fuente de impacto en el paisaje que destruye el ecosistema y genera vertidos y emisiones tóxicas, recordemos el desastre de Boliden en Aznalcóllar.

Con estos datos vemos que no es posible una acción ecológica planetaria sin edificios ecológicos, según la bioconstrucción. Será preciso considerar el impacto global de la actividad constructiva sobre el entorno natural, para reducir la huella ecológica limitando el impacto sobre el territorio, construyendo ciudades compactas con un uso racional de la energía y del agua según criterios bioclimáticos, reduciendo los residuos sólidos, líquidos y gaseosos y exigiendo el uso de materiales de fabricación sostenible.

La Bioconstrucción (en alemán Bäubiologie, biología de la construcción), considera en primer lugar el impacto del fenómeno urbano sobre el ecosistema, con criterios de sostenibilidad, analizando la ocupación del territorio, el ciclo de vida de los materiales, la polución atmosférica, el consumo de agua y energía y los residuos tóxicos.

 

Una arquitectura tóxica

En la ciudad actual predomina una arquitectura tóxica, saturada de químicos y radiaciones, que genera molestias o dolencias típicas de los llamados “edificios enfermos”. A diferencia de los primitivos que vivían en contacto con la naturaleza, los urbanitas pasamos más del 80% de nuestro tiempo en recintos cerrados (casa, escuela, trabajo, centros comerciales, transporte). Que un edificio puede enfermar a sus habitantes suena extraño, pero la calidad ambiental interior influye en nuestra salud más que el entorno exterior. Un entorno tóxico genera patologías emergentes como la “hipersensibilidad ambiental múltiple” (fatiga crónica, fibromialgia, electrosensibilidad, sensibilidad química), que ya afecta a más de un 15% de la población, debida al cóctel electroquímico del hábitat urbano.

Frente a ese ambiente urbano nocivo la bioconstrucción propone el concepto de “área blanca”, un hábitat urbano de polución cero. Un verdadero “cobijo”, la esencia de la arquitectura, que nos protege del medio hostil.

Un área blanca es un espacio sin “domopatías”, esos factores ambientales nocivos (ruido, radiaciones, materiales tóxicos, microorganismos nocivos, etc.), considerando la “biohabitabilidad” de acuerdo a los criterios biológicos de la bioconstrucción. También es un edificio eficiente, pues la casa bioclimática se traduce en ahorro de energía, agua y residuos, minimizando los impactos sobre el planeta.

 

Una ciudad verde

Podemos pensar un urbanismo verde, y darnos cuenta que el manto verde de vegetación es precisamente la fuente del oxígeno, que permite toda la vida en el planeta. La Organización Mundial de la Salud fija como óptimo 15 m2 de espacios verdes por habitante. Los árboles aportan oxígeno naciente y limpian la atmósfera, además la ionizan y la llenan de energía vital, y permiten escuchar los pájaros y relajar el espíritu. Barcelona, Bilbao o Valencia, como muchas capitales españolas no llegan a los 10 m2/hab. Tokio o Buenos Aires tienen menos de 2 m2/hab, por el contrario Viena ofrece 20, New York 23, y Curitiba llega a los 52 m2/hab.

Los huertos urbanos nos proporcionan alimentos vivos, y nos regalan ocio, ejercicio y salud, sin necesidad de gimnasio, médico ni farmacia. Las cubiertas y fachadas verdes son otra opción que reduce la polución y ahorra energía. Una planificación ecológica debe crear continuidad desde el huerto al jardín, al parque y al bosque, creando pasillos ecológicos, que favorecen las migraciones, conservan la biodiversidad, y permiten al ciudadano integrarse en la naturaleza sin salir de la ciudad.

Al sentarnos a pensar “otra civilización” debemos replantear la construcción de ciudades. Pensar si queremos seguir encerrados, sin aire ni sol, dentro de edificios enfermos, o si queremos pasar varias horas cada día atrapados en el transporte, o quizás debemos replantear el diseño urbano y la movilidad de las personas. Los suministros de agua, electricidad, combustibles, materiales y alimentos traídos de cientos de kilómetros, representan otro enorme impacto sobre el territorio, con un coste energético insostenible. El establecimiento del estándar de la “casa pasiva” nos dice que ya es posible el edificio de energía cero y la inminencia del “peak-oil” sugiere plantear urgentemente la ciudad autosuficiente.

Aunque desde una visión romántica quizás nos gustaría, no invocamos la “vuelta a la arcadia”, y no proponemos como solución global la vida neorural de la ecoaldea, ni tampoco la ciudad jardín, con una edificación dispersa que invade el territorio. Nuestro objetivo deben ser diseñar ciudades compactas, ecológicas, autosuficientes, socialmente justas, ambientalmente saludables y amigables con la Madre Tierra, esa Naturaleza que las soporta y las envuelve.

El diseño de permacultura nos invita a ver la ciudad como un organismo, un ecosistema complejo, cuyo metabolismo armónico permite la vida de las personas. Somos parte de Gaia, un planeta vivo, y la bioconstrución, que toma conciencia de la relación simbiótica con toda la biosfera, nos permitirá tener una casa sana y una ciudad sana en un planeta sano.


© Carlos Martínez Requejo. Domobiotik 2015.

Publicado en la revista 15-15-15 Revista para una nueva civilización. Nº 0. 15 Ene.2015.

 

jueves, 30 de diciembre de 2021

CASAS CON CONTENEDORES NAVALES – Apuntes para una investigación


¿Es saludable vivir en un contenedor naval?

Las casas construidas con contenedores navales se presentan como una alternativa a la vivienda tradicional y la primera pregunta que se plantea es si puede considerarse este tipo de construcción como arquitectura verde, sostenible o ecológica.

A finales de la década de los 80, Phillip Clark presentó y patentó el “Método para convertir uno o más contenedores de acero de transporte marítimo en un edificio habitable”, y en las últimas décadas esta propuesta se ha convertido en una interesante oferta de viviendas baratas…

Parece una idea muy ecológica reutilizar los containers navales para transformarlos en viviendas. Esto evita toneladas de residuos, reduce los enormes cementerios de contenedoress, y minimiza la huella ecológica, en particular las emisiones de CO2 de la minería y la metalurgia del acero.

En definitiva, la utilización de los contenedores marítimos para vivienda reúne las premisas básicas de la sostenibilidad (las famosas tres erres: reducir, reciclar y reutilizar) y contribuye de forma eficaz, a la creación de viviendas sostenibles y asequibles para el consumidor.

Las ventajas principales de las casas contenedores son la durabilidad, disponibilidad, rapidez de diseño y construcción, el bajo precio y la reutilización de materiales. El container naval ofrece, resistencia a las inclemencias del clima, al agua, al fuego, a los huracanes, a las inundaciones e incluso a los terremotos.

En los aspectos prácticos resuelve los elementos estructurales, pues el contanier es apilable y resiste hasta 30 toneladas de sobrecarga. También es barato y rápido de construir, una casa pequeña puede estar lista para el uso en menos de 6 meses.

Construir con contenedores puede ser muy útil como refugio de urgencia, por ejemplo tras inundaciones o terremotos, o como alojamiento temporal para personas de bajos ingresos, estudiantes, inmigrantes y refugiados. Pero no consideramos los contenedores un hábitat válido como vivienda permanente si consideramos los aspectos de "salud ambiental", que definen la biohabitabilidad.

Bioclimática

En primer lugar, la gran conductividad térmica de la chapa de acero y la ausencia de inercia térmica, hacen que el container sea altamente ineficiente desde el punto de vista bioclimático. Tendremos un espacio muy frío en invierno y un horno inhabitable en verano. Lograr la adecuada eficiencia energética de la vivienda hace necesario un importante aislamiento térmico de gran espesor, con un material de baja conductividad térmica, lo que que resulta muy caro.

El aislamiento térmico interior, suele ser realizado con una capa de lanas minerales o espumas de poliuretano o poliestireno, materiales nada ecológicos, no reciclables y potencialmente tóxicos. La caja de acero es un espacio totalmente impermeable, pero una casa debe ser transpirable, evitando la barrera de vapor, un requisito imprescindible en bioconstrucción.

El contenedor es un espacio hermético, lo que nos exige una atención especial a la ventilación, evitando la condensación y asegurando la necesaria renovación del aire. Aquí debe considerarse especialmente la calidad del aire interior, y valorar los riesgos de toxicidad propios del container, y de los materiales usados en su adecuación.

Acústica

Igual que en el aspecto térmico, la chapa de acero tiene mal comportamiento acústico, por ser muy buen conductor del sonido. La alta transmitancia acústica del metal lo hace muy vulnerable a los ruidos externos, y la resonancia de la caja metálica multiplica los ruidos internos (efecto tambor). Un eficaz aislamiento acústico externo y el acondicionamiento acústico interior encarecen la obra de modo muy significativo.

Toxicidad

Al vivir dentro de un contenedor estamos expuestos a muchos agentes nocivos. En los containers encontramos recubrimientos de pintura nocivos, en particular las pinturas exteriores ignífugas, que pueden contener como base plomo u otros químicos tóxicos. Los containers navales en muchas ocasiones se fumigan con productos muy tóxicos (insecticidas, fungicidas, raticidas, etc.). Las maderas que se usan como pìso del contenedor suelen estar impregnadas con plaguicidas peligrosos como el arsénico y el cromo.

Contaminación electromagnética

En primer lugar, habría que analizar a fondo todos los potenciales riesgos biológicos de los efectos ferromagnéticos, electromagnéticos y geomagnéticos especialmente intensos con el hierro, pues estamos dentro de una jaula de acero.

La propia instalación eléctrica genera campos eléctricos y magnéticos de baja frecuencia (50 Hz), que se ven magnificado por tener las paredes metálicas. Lo mismo pasa con todos los aparatos eléctricos, y en especial la informática y la telefonía, que emiten ondas de alta frecuencia (microondas) que rebotan dentro del recinto.

Un aspecto esencial es que se trata de una caja metálica cerrada, que constituye una Jaula de Faraday, donde no traspasan las ondas electromagnéticas. Esto nos priva de las ondas geomagnéticas naturales, como la Resonancia de Schumann, que son imprescindibles para la vida.

Diseño y funcionalidad

Generalmente se usan dos tipo de contenedores navales, el container de 20 pies, con 6 metros de largo, y el container de 40 pies, de 12 metros de largo, y ambos tienen la misma sección, 2,44 metros de ancho por 2,90 metros de alto.

La necesidad de adaptarse a las medidas del módulo de 2,44 m (exterior), con frecuencia resulta demasiado estrecho, y condiciona demasiado el diseño de la casa. Por ejemplo, resulta muy angosto si ponemos una cama en sentido transversal.

Por otro lado, el espesor del aislamiento térmico y acústico necesario, que puede ser mayor de 15 cm en cada lado según el clima, reduce aún más el espacio habitable, pues el módulo interior queda reducido a menos de 2 m.

Finalmente es necesario un revestimiento interior y exterior, para tener un acabado estéticamente aceptable que encarece la obra, y reduce de nuevo el espacio interior.

Dado que se van a abrir huecos para puertas y ventanas, eliminando secciones de la chapa-pared, serán necesarios refuerzos estructurales, pues el contenedor se debilita.

La corrosión es el eterno problema de los materiales ferrosos, pues en ambientes agresivos el acero Corten se puede corroer a mayor velocidad (zonas costeras, clima tropical, áreas industriales, etc.), por lo que sería necesario aplicar un tratamiento anticorrosivo,

Esto son solo sugerencias muy apresuradas, apuntes para una investigación, que nos pueden ayudar a valorar el uso de contenedores navales como vivienda. 

Nuestra conclusión provisional es que un container puede ser un refugio de emergencia, pueden ser usados como oficinas de obra, garajes, almacenes, quioscos o talleres, pero los contenedores navales no deben ser usados como vivienda permanente si nos preocupa la salud, de acuerdo a los criterios biológicos de la Bioconstrucción.

© Carlos Martínez Requejo. Domobiotik. Dic. 2021.



miércoles, 29 de septiembre de 2021

Que es bioconstrucción

 

Bioconstrucción frente a arquitectura tradicional

Es frecuente confundir la bioconstrucción con la arquitectura tradicional, y se piensa que para construir una casa biológica basta con usar los materiales tradicionales, 100% naturales, como cal, yeso, barro, ladrillo, piedra o madera.

Como referencia diré que en el Master de Bioconstrucción IBN, el más antiguo del mundo que se imparte en Alemania desde 1972, los materiales biológicos ocupan un solo módulo, de los 25 módulos que tiene el programa.

Evidentemente, la construcción tradicional tiene muchos aspectos positivos, pues nos muestra soluciones constructivas con materiales tradicionales, de nula o baja nocividad, que han sido probados durante siglos y que están adaptados a la cultura y el paisaje.

La verdadera bioconstrucción va más allá, pues la casa tradicional, como una casa pairal del siglo XIV que estamos rehabilitando, tiene serias deficiencias bioclimáticas. La casa tradicional es muy fría y la única fuente de calor es la cocina económica o la chimenea, que calientan un espacio muy reducido, y dependen de un suministro de leña no disponible en muchos entornos.

Las soluciones constructivas tradicionales también fracasan contra la humedad, pues los materiales naturales no son enteramente impermeables, lo que conlleva gastos de mantenimiento año tras año, una lucha constante contra las goteras, la capilaridad y las filtraciones.

Por lo mismo no debemos idealizar lo natural y rechazar todos los materiales artificiales, siempre que cumplan los criterios biocompatibles.

La construcción tradicional no considera la contaminación electromagnética, y hoy nuestras casas sufren un exceso de electrificación, lo que genera campos eléctricos y magnéticos potencialmente nocivos, que la bioconstrucción aconseja prevenir.

Igualmente, en el entorno tradicional no existía preocupación por la contaminación atmosférica, la contaminación acústica, o la contaminación radiactiva (radón, etc.), aspectos que la bioconstrucción considera esenciales.

En bioconstrucción integramos el enfoque de la construcción tradicional con las nuevas tecnologías y los nuevos materiales, de baja toxicidad, que cumplen los parámetros biológicos y mejoran las especificaciones técnicas del edificio.

Se entiende por Bioconstrucción la forma de construir que favorece los procesos evolutivos de todo ser vivo, así como la biodiversidad, garantizando el equilibrio y la sustentabilidad de las generaciones futuras (Jordi Badía, arquitecto).

Por lo tanto, en el diseño de la casa debemos tener en cuenta los estilos constructivos locales, formas, materiales, y tomamos de ellos todo lo bueno que aportan, sin renunciar a las comodidades que nos aporta la modernidad del siglo XXI.


DECÁLOGO DE BIOCONSTRUCCIÓN

Las 10 reglas básicas:

01 - Ubicación correcta, el buen sitio…

02 - Integración en el entorno, biotopo, paisaje y cultura.

03 - Diseño personalizado, a la medida del cliente.

04 - Orientación y distribución correcta, ergonomía y funcionalidad.

05 - Materiales saludables, no tóxicos, no dieléctricos, no radiactivos…

06 - Equipamiento de bajo impacto, análisis de ciclo de vida.

07 - Optimización de recursos y ahorro energético (agua, electricidad, etc.)

08 - Protección frente a campos, ondas, vibraciones, tóxicos, patógenos…

09 - Tratamiento de residuos, reducción, reutilización y reciclado.

10 - Manual del propietario, uso y mantenimiento.

Estos serían los criterios mínimos de un bioconstructor, pues podemos hablar también de jardinería, paisajismo y permacultura o de geometría sagrada. Y siempre debemos considerar los aspectos perceptuales o estéticos, considerando la visión artística del paisaje, la arquitectura y el interiorismo, que influyen en el estado anímico de sus habitantes y condicionan el confort y la salud de las personas.

Entrar más a fondo en definir que es, o que no es, la bioconstrucción precisa más de 200 folios, y por eso os invito a cursar el curso on-line de introducción a la bioconstrucción que proponemos.

ARTE Y TÉCNICA DE LA CASA SANA

Curso de Domoterapia / Online

Casa Sana o Casa Enferma

Introducción a la Bioconstrucción


VER INFO. https://domobiotik.blogspot.com/2020_01_05_archive.html

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