jueves, 30 de julio de 2020

COVID-10 Ministerio Sanidad


El Ministerio de Sanidad recomienda la

Oxidación Foto Catalítica (PCO)
 

El Gobierno de España publica una guía para prevenir la  

propagación del SARS CoV-2

El documento de 22 de Junio de 2020 define los criterios técnicos sobre el uso de los sistemas de climatización de edificios y locales comerciales, para prevenir la propagación del COVID-19 en espacios públicos cerrados, como pueden ser oficinas, centros comerciales o instalaciones deportivas o culturales.
       La guía ha sido coordinada por técnicos del Ministerio de Sanidad, del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico y del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), con la participación de expertos en salud pública, sanidad ambiental, aerobiología e instalaciones de climatización y ventilación. Se ha tenido en cuenta las recomendaciones de las agencias internacionales, organizaciones profesionales y sociedades científicas. 

Recomendaciones básicas
Enfatiza las buenas prácticas de climatización y ventilación de edificios:
  • Renovación del aire interior, con un caudal mínimo de 12,5 litros por segundo y persona.
  • Verificar que los equipos trabajen según las condiciones de diseño, evitando pérdidas de carga (filtros sucios, conductos, etc.).
  • Usar el máximo volumen de renovación posible, dos horas antes y dos horas después de la jornada laboral, permaneciendo siempre el sistema activo al menos al 25% de capacidad.
  • Evitar la recirculación del aire sucio, usas siempre aire exterior.
  • Inspeccionar los recuperadores de calor, evitar fugas.
  • Realizar adecuado mantenimiento limpiando unidades de impulsión y retorno, conductos, rejillas, difusores, filtros y baterías.
  • Usar la extracción de aseos (o cocinas) de forma permanente.
  • Si no existe ventilación mecánica, abrir ventanas opuestas creando ventilación cruzada.
  • No modificar los rangos reglamentarios de temperatura y humedad relativa de la climatización.
Si hay deficiencia de ventilación aconseja usar equipos de filtración y purificación portátiles, con filtros de alta eficiencia HEPA u otras tecnologías de purificación del aire.
      La guía previene contra el uso de equipos generadores de ozono en locales con presencia de personas, no hay datos disponibles sobre la eficacia germicida del ozono sobre el SARS-CoV-2, y está documentado como peligroso para la salud humana y el medio ambiente.
     La Organización Mundial de la Salud y la CIE (Comisión Internacional de Iluminación) desaconseja las lámparas ultravioleta (UV-C) para desinfectar las manos o cualquier otra superficie de la piel. No se recomienda tampoco su uso en ambientes domésticos.

El Ministerio de Sanidad recomienda "La oxidación foto catalítica, comúnmente llamada PCO, que se demuestra muy eficaz en la neutralización de los patógenos aerotransportados…” para la prevención del SARS-CoV-2.

La Oxidación Foto Catalítica o PCO (Photo Catalityc Oxidation) es la base de la tecnología NCC, desarrollada por ReSPRTECH según investigaciones de la NASA, que elimina patógenos, alérgenos y tóxicos químicos (gases, polvo, partículas PM4), tanto en aire como en superficies.

El diseño de la matriz foto-catalítica NCC de los purificadores ReSPRTECH impide la visión directa de la luz ultravioleta, que nunca afectará a las personas, y mantiene la posible generación de Ozono por muy debajo de los límites recomendados (<0 ppm="" span="">

La tecnología NCC está certificada por la NASA, Microchem, SGS Technos, Bureau Veritas, CIEMAT, CSIC y otras prestigiosas instituciones, siendo más eficaz que el Ozono, o las lámparas ultravioleta (UV-C), y sin ninguno de sus riesgos sanitarios.

Se trata de un sistema de purificación que elimina todo tipo de  virus, bacterias, hongos… pues el plasma iónico rompe la membrana celular y desactiva cualquier ataque biológico. Esta tecnología ha demostrado su eficacia con numerosos virus, como el resfriado común, Influenza H5N8, Gripe Aviar HSN1, SARS, Gripe Porcina H1N1… la famosa gripe A.

Los purificadores ReSPRTECH logra ESPACIOS SEGUROS, pues también son altamente eficaces con los tóxicos químicos, eliminando gases, polvo y partículas (incluso nanopartículas), con lo que son muy útiles en los casos de sensibilidad ambiental múltiple (SQM, EHS, SFC…), y para los afectados de patologías respiratorias (enfisema, asma, alergias), que son casi el 50% de la población.

© Carlos M. REQUEJO. Domobiotik. Jul.20



REFERENCIA. Recomendaciones sobre el uso de sistemas de climatización y ventilación para prevenir la expansión del COVID-19 (PDF MITECO)
Puede consultarse en este enlace.




martes, 14 de julio de 2020

Sello Espacio Seguro


Superar la pandemia


ESPACIO SEGURO

Control domobiótico tras la pandemia

 
NCC, Tecnología del Espacio, para Protegerte Aquí, en la Tierra
Basada en investigaciones de la NASA

Seguridad y salud tras la pandemia
La calidad del aire interior es vital para el confort y la salud, las personas sensibles huyen de los espacios cerrados, pues sienten claustrofobia, agobio, opresión, ansiedad, dificultades respiratorias… y tienden a evitar los espacios mal ventilados.
     El aire contaminado afecta especialmente a los afectados de hipersensibilidad ambiental (química o electromagnética), asma o alergias… casi el 50% de la población.
    La calidad del aire en entornos comerciales es crítica, donde encontramos “aire muerto”, con ausencia total de los vitalizantes iones negativos (aniones), y cargado de tóxicos químicos (gases, polvo, fibras y partículas), todos ellos son irritantes iones positivos (cationes).

La Tecnología NCC de ReSPRTECH ofrece ESPACIOS SEGUROS
tras la pandemia, espacios sin miedo al contagio !!!

La tecnología NCC mejora la atmósfera del establecimiento, elimina el 99% de contagios (virus, bacterias, hongos), revitaliza la atmósfera, hace más relajante el espacio, y cuida la salud y el confort de clientes y trabajadores.

El Ministerio de Sanidad recomienda "La oxidación foto catalítica, comúnmente llamada PCO, que se demuestra muy eficaz en la neutralización de los patógenos aerotransportados…” para la prevención del SARS-CoV-2.

La oxidación foto catalítica (Photo Catalityc Oxidation - PCO), es la base de la tecnología NCC, desarrollada según investigaciones de la NASA, para eliminar agentes patógenos, y toda clase de alérgenos y tóxicos químicos (gases, polvo, partículas PM4).

VENTAJAS DE LOS PURIFICADORES RESPRTECH
    • Eliminar riesgo de contagios (virus, bacterias, hongos…).
    • Eliminar tóxicos químicos (polución, materiales…).
    • Eliminar alérgenos (polvo, polen…).
    • Eliminar olores (cocinas, baños…).

La tecnología NCC está certificada por la NASA, Microchem, SGS Technos, Bureau Veritas, CIEMAT, CSIC y otras prestigiosas instituciones, siendo más eficaz que el Ozono, o las lámparas ultravioleta (UV-C), y sin ninguno de sus riesgos sanitarios.

Sello Espacio Seguro
Este sello en la fachada, en su publicidad, o en su página web, asegura que su establecimiento está protegido contra patógenos (virus, bacterias, hongos) y también contra alérgenos y tóxicos (VOC),
mediante control domobiótico con la tecnología NCC de ReSPRTECH, para proteger la salud, mejorar la imagen corporativa y ganar clientes.

© Carlos M. Requejo. Domobiotik. Jul.20

martes, 23 de junio de 2020

Purificación del aire



El aire, el alimento más esencial

¿ Has pensado que el primer alimento es el aire ? 

 
Necesitamos al menos 10.000 litros por día, o sea unas 20.000 respiraciones. En reposo respiramos entre 12 a 15 veces por minuto y en cada respiración se moviliza más o menos medio litro de aire. Es decir, cada minuto respiramos entre 6 y 7,5 litros de aire en un actividad sedentaria, pero con actividad física intensa usamos entre 120 y 200 litros por minuto.

Ese aire debe ser puro y fresco, libre de tóxicos, alérgenos y patógenos, pero la atmosfera urbana contiene partículas en suspensión (polvo, polen), tóxicos químicos (VOC) y patógenos (virus, bacterias...), y muchos llegan al interior de los pulmones, e incluso al flujo sanguíneo.

Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestra que la contaminación por partículas PM2,5 (partículas de menos de 2,5 micras) provoca más problemas de lo que se creía, la exposición a largo plazo a las partículas PM2,5 puede causar aterosclerosis, efectos adversos en los partos y enfermedades respiratorias en la infancia. Pueden afectar al neurodesarrollo, función cognitiva, diabetes, y se relacionan con problemas cardiovasculares y respiratorios.

Rodeados de asfalto y hormigón, hemos elegido vivir en la ciudad, donde estamos cargados de electroestrés, el estrés eléctrico, incapaces de la descarga a tierra por el pavimento aislante (dieléctrico). Respiramos una atmósfera sucia y eléctrica, saturada de patógenos, polvo, polen y otras substancias químicas en suspensión, con varios millones de partículas por centímetro cúbico. Es una atmósfera cargada de electrosmog, aire saturado de iones positivos (cationes), y con ausencia casi total de iones negativos.
Frecuentemente nos encerramos, durante horas, en pequeños recintos metálicos sobre ruedas cuya atmósfera, sobrecargada de iones positivos, aumenta el estrés, reduce la capacidad de reacción y favorece la somnolencia, lo que causa aumento de los accidentes de tráfico. 

Aire medicinal, aire ionizado
Una atmósfera eléctricamente cargada, como la que nos agobia antes de una borrasca, nos hace sentirnos inquietos, con ahogos, muy desasosegados y potencialmente agresivos, es el estrés electromagnético o electroestrés, causado por la gran carga eléctrica del aire enfermante, saturado de iones positivos, que dificultan la respiración y disminuyen la capacidad para absorber oxígeno.
Pero después de la tormente llega la calma... gracias al efecto benéfico de la lluvia, los iones negativos (aniones), llamados iones felices, descargan y refrescan la atmósfera, dilatan los bronquios, ayudan a respirar y mejoran la oxigenación, permitiendo el relax, el sueño y el descanso profundo.
El ambiente interior de nuestras casas y de muchas oficinas, donde pasamos hasta el 80% de nuestro tiempo, está saturado de iones positivos (cationes). Esto es producido por la contaminación ambiental, el aire mal acondicionado, ordenadores, telecomunicaciones y otros aparatos eléctricos (electrodomésticos). Esto es con frecuencia la causa de problemas respiratorios como rinitis, asma y alergias, especialmente en las personas con hipersensibilidad ambiental (SQM-EHS), y en los niños.
La calidad del aire es una de las causas del Síndrome del Edificio Enfermo (Sick Building Syndrome), tan frecuente en espacios interiores contaminados y muy electrificados. Este clima artificial, con la atmósfera viciada y muy electrostática, es causa de fatiga y cefaleas y produce una sensación de agobio, pesadez y claustrofobia que se percibe en grandes almacenes, gimnasios, hospitales y muchos edificios de oficinas. 

Equilibrio bioeléctrico
El equilibrio del ambiente bioeléctrico se consigue con abundantes plantas vivas, que trabajan gratis para nosotros, filtrando, perfumando e ionizando el aire interior. Pero más eficazmente con el uso de
ionizadores del tipo Ión-Plasma, que aseguren una alta tasa de ionización negativa (10.000-50.000 iones/cm3) y que estén exentos de ozono (menos de 0,1 ppm de O3).
Los ionizadores eliminan los problemas alérgicos (asma, fiebre del heno), y facilitan las funciones respiratorias, al garantizar una alta calidad del aire, con una atmósfera electronegativa, limpia y fresca, libre de partículas (polvo, polen, agentes patógenos, VOC). Esta es la atmósfera limpia que encontramos a la orilla del mar, junto a una cascada o en el lindero del bosque.
Este aire medicinal, crea un ambiente ionizado negativamente, como el de un balneario, facilita el relax físico y mental, mejora la memoria y la concentración, y ayuda a superar la ansiedad y la neurosis, sin utilizar ansiolíticos ni tranquilizantes. Una atmósfera con iones negativos mejora el entorno de trabajo y aumenta el rendimiento laboral.
La benéfica acción biológica de los iones negativos, llamados las vitaminas del aire, ha sido demostrada por múltiples investigaciones científicas en biometeorología y los médicos, como los expertos en climatización, saben que un ambiente bioeléctrico equilibrado es un factor de relax, salud y confort ambiental. 

Espacios seguros
La reciente pandemia a causa del coronavirus ha incrementado la preocupación por la calidad del aire, y surge gran alarma social por la contaminación biológica a causa de microorganismos patógenos (virus, bacterias, hongos... parásitos).
Mejorando a los antiguos ionizadores, gracias a las investigaciones de la NASA disponemos de purificadores de aire con tecnología de vanguardia. Utilizan la oxidación fotocatalítica, peróxido de hidrógeno más tres tipos de iones negativos, para destruir cualquier patógeno, y ofrecer espacios seguros sin contagios, aire puro y fresco eliminando el 99% de hongos, bacterias y virus. 

© Carlos M. Requejo. Domobiotik. Jun.20 

Referencias (opcional)
- Estudio de la OMS titulado «Review of evidence on health aspects of air pollution» («Examen de las pruebas sobre los aspectos sanitarios de la contaminación atmosférica»).
- Investigaciones del Dr. Krueger de Berkeley, Dr. J. Beal de la NASA, y Dr. Hicks de la Universidad de Stanford.

- Adaptado de las obras Estrés de Alta Tensión y La Casa Enferma de Carlos M. Requejo, Editorial Didaco SA.

domingo, 21 de junio de 2020

Casa tóxica


Factores ambientales en un entorno tóxico
Experiencias de un domoterapeuta

Mostrar que factores ambientales tóxicos encontramos en los casos de hipersensibilidad ambiental múltiple es el amable encargo del Dr. Fernández-Solá, del Hospital Clínic de Barcelona, como prólogo del libro “Sensibilidad Química y Ambiental Múltiple”.
La creciente incidencia de la sensibilidad ambiental (química, eléctrica, magnética, acústica, etc.), nos avisa que vivimos en un entorno tóxico lleno de químicos y radiaciones. Consecuentemente, debemos actualizar las normas de salud ambiental para lograr un hábitat saludable de acuerdo a las investigaciones más recientes.

Nuestra salud depende de la calidad ambiental, si dormimos mal y nos despertamos cansados y confusos cada mañana, sin causa objetiva, posiblemente estamos en un entorno nocivo, con factores ambientales perjudiciales para la salud, es decir, tenemos el enemigo en casa.

Mi amigo el doctor Joaquín Fernández-Solá me ha pedido escribir el prólogo de este libro, y debemos alegrarnos de esta iniciativa, pues hay pocas publicaciones en España sobre el tema. Este libro trata de la sensibilidad ambiental, y nos muestra que el progreso indiscriminado tienen un alto precio, hemos perdido la conexión con la naturaleza, hemos olvidado el arte de la arquitectura, e insensibles al entorno natural vivimos en un hábitat enfermo, con factores ambientales nocivo que llamamos domopatías.

Como impartimos, ya en 1997, en un postgrado que tuve el honor de coordinar en la Universidad Politécnica de Barcelona, la existencia de domopatías en nuestro dormitorio o puesto de trabajo puede afectar a la salud, especialmente al equilibrio neurológico.

En los edificios enfermos se observan a corto plazo estrés psicofísico, insomnio, jaquecas, ansiedad, agotamiento crónico o depresión. A más largo plazo pueden aparecer daños orgánicos, con problemas respiratorios y circulatorios, afectando al sistema inmunitario y favoreciendo enfermedades degenerativas, como leucemia y cáncer.

A lo largo de mi experiencia como domoterapeuta, desde los años 80, me he encontrado con casos que se salen de lo normal. Una muestra es una persona muy cercana que presenta un complejo cuadro de electrosensibilidad, sensibilidad química múltiple y síndrome de fatiga crónica. Como consecuencia lleva años sin trabajar, su capacidad física de moverse está muy limitada y apenas sale de casa, pues caminar más de diez minutos sobre el asfalto es un esfuerzo. Sin embargo esta misma persona, pasa unos días en el Pirineo, y descubre que allí no se ahoga, no se marea, no se fatiga, y sus piernas pueden llevarla sin dificultad hasta la cascada, disfrutando de la montaña. Es evidente la diferencia de respuesta fisiológica entre el entorno urbano y la naturaleza, quizás lo primero en percibirse sea la pureza del aire, pero tampoco hay ruido, ni tráfico, torres de alta tensión, ni antenas de telefonía.

Desgraciadamente este no es un caso aislado, y cada vez son más los clientes que acuden a nuestro gabinete con cuadros de hipersensibilidad ambiental. Están afectados por domopatías, la vida les resulta imposible en su entorno habitual, y algunos llegan a abandonar casa y trabajo para encontrar un lugar limpio y sano lejos de la ciudad.

Todos ellos se caracterizan por la hipersensibilidad ante factores ambientales muy comunes en nuestra vida cotidiana. Les afectan los ruidos y los olores fuertes (lejía, suavizante, limpiadores, perfumes), son excesivamente sensibles al frío y al calor, como al tacto de ciertos materiales, y tiene que ser muy selectivos con su vestuario o los materiales de su entorno.

Según nuestra experiencia estos cuadros pueden aparecer de forma aguda a partir de una exposición intensa y puntual, como un lugar de trabajo con excesiva carga tóxica, una fumigación, o un accidente industrial. En otros casos surge de modo solapado, tras un largo goteo de exposiciones débiles, que se producen de manera inadvertida, crónica y habitual.
El desencadenante puede ser un cambio en el trabajo, o la renovación del piso con materiales modernos como PVC, pladur o parket sintético. En otros ha sido la mudanza a las cercanías de una fábrica, la instalación de una antena de telefonía cerca de la vivienda, o la nueva red wifi en el colegio donde trabaja.

Desde los años cincuenta somos conscientes de la creciente polución química, inicialmente contaminación atmosférica, pues un progreso tecnológico incontrolado ha traído el humo de las fábricas y el escape de los coches hasta nuestro hábitat, una polución material que podemos ver, oler y mascar.
No somos tan conscientes de la polución vibratoria, ruido y vibraciones, que si bien podemos captar por el oído, llegan a ser imperceptibles por el hábito, y solo somos conscientes cuando surge el silencio.

Por otro lado nos invaden ondas electromagnéticas en la calle, la casa y el trabajo, penetran nuestro cuerpo y nuestro cerebro, estas ondas incluso penetran la barrera hematoencefálica, pero nuestros sentidos no nos alertan de esta polución invisible e inmaterial.

Como consecuencia de este creciente deterioro del entorno habitable encontramos cuadros de hipersensibilidad ambiental, sensibilidad química, biológica, electromagnética, y otras enfermedades emergentes hasta hace poco desconocidas.
Todos somos sensibles en algún grado, pero no reaccionamos igual ante los agentes nocivos, mientras uno presenta un cuadro de sensibilidad que le causa molestias menores, otros desarrollan patologías serias que les inhabilitan, e incluso ponen en peligro su vida.

La plaga de sensibilidad química múltiple se relaciona con la exposición a fuentes de contaminación ya bien conocidas, como la polución por amianto, CFC, plomo, benceno, zinc, ftalato, formaldehído, organoclorados, radón, etc. Y el cuadro se agrava por el consumo de agua y alimentos desnaturalizados, o contaminados, especialmente por pesticidas y abonos, mercurio y otros metales pesados.

Frecuentemente la calidad del aire es peor en los espacios cerrados, demasiado herméticos, por la presencia de materiales nocivos, productos de limpieza, o por los sistemas de climatización. El informe Greenpeace sobre el polvo doméstico encuentra más de cien productos químicos tóxicos dentro de nuestras casas, a veces en triple concentración que en el exterior.

La reciente epidemia de lipoatrofia semicircularis, en edificios emblemáticos de Barcelona, ha puesto de relieve que cierta arquitectura moderna, excesivamente tecnificada resulta realmente inhabitable y estamos creando edificios enfermos. La observación de cómo se disuelve la grasa corporal, creando una depresión visible y palpable, ha generado una gran alarma social. Debemos investigar si esas condiciones laborales nocivas, en primer lugar los campos electromagnéticos, pueden afectar también otras grasas más vitales como la mielina del sistema nervioso.

En las últimas décadas surge una gran preocupación por las líneas eléctricas de alta tensión o las subestaciones transformadoras, con miles de kilovoltios, que causan importantes efectos bioeléctricos como informa el Instituto Karolinska, relacionados con leucemia infantil y cáncer de cerebro.

Y más recientemente surge una gran alarma social por la presencia de las antenas de telefonía móvil, una red que invade todo el territorio, a veces al otro lado de nuestra ventana, e introduce radiofrecuencias (microondas pulsantes) que están creando daños neurológicos identificables con el “síndrome de las microondas”, ya estudiado por los rusos en los años 70 en operadores de radar.

El problema es que el cliente afectado se preocupa mucho de esos grandes antenas que amenazan nuestra casa desde el exterior, pero muchas veces el enemigo está dentro. En nuestras inspecciones encontramos varios teléfonos móviles en cada casa, y es normal la presencia de teléfonos inalámbricos dect, redes wifi y wimax, o sistemas bluetooth, que generan microondas dentro de nuestro espacio habitable. Todas estas tecnologías producen radiofrecuencias con efectos intensos a nivel biológico, debido a su gran proximidad a nosotros, como el teléfono inalámbrico en la mesilla de noche que puede emitir microondas cien veces más intensas que la antena de telefonía del edificio de enfrente.

En una casa moderna encontramos además campos eléctricos, magnéticos o electrostáticos, producidos por la red eléctrica interna, en la cabecera de la cama o apenas al otro lado de la pared, transformadores de zona en el bajo de la casa, cuadros eléctricos detrás de la puerta, alimentadores y reactancias, bobinas de motores, tubos de rayos catódicos de monitores de televisión y ordenadores, que nos rodean. Recordemos que basta un simple radiorreloj en la cabecera de la cama para producir más de mil doscientos nanoteslas (1.200 nT), cuando el umbral recomendado por la EPA (Environmental Protection Agency, USA), aconseja un máximo de doscientos nanoteslas. Como referencia la norma UNE-ENV 50.166 de aplicación en España permite una exposición de hasta cien microteslas (100.000 nT), o sea quinientas veces mayor.

Estas cifras reflejan la laxitud de la legislación vigente en España, excesivamente tolerante con la industria, frente a países pioneros como Canadá (Toronto) o Austria (Salzburgo). Otros muchos países tienen normativas muy restrictivas ante las emisiones electromagnéticas, y podemos citar Rusia, Kazajstán, Suiza, Suecia, China o Nueva Zelanda. Destaco la iniciativa francesa de crear “ecovillages o zonas blancas” (Zone Blanche = Zone Santé), donde la intensidad de radiofrecuencias sea menor que 0,1 µW/cm2 (R. Salzburgo), un entorno donde los hipersensibles pueden sobrevivir.

Este panorama se agrava por la agresión del creciente ruido ambiental, en particular en las grandes ciudades o cerca de autopistas o aeropuertos, con muchos decibelios tanto de ruido audible como inaudible (infrasonido, ultrasonido). Además las vibraciones mecánicas son causa adicional de fatiga, estrés y sobrecarga del sistema inmunitario, y existen estudios que culpan al ruido crónico como factor de riesgo en patologías degenerativas, algo más que cefalea o sordera. Aquí también tropezamos de nuevo con la tolerancia de la normativa acústica, que en muchos casos se sobrepasa sin apenas control, y tenemos las ciudades más ruidosas de Europa.

Un cuadro alarmante que surge de nuestra experiencia de muchos años de realizar inspecciones ambientales o auditorias domobióticas en viviendas, escuelas y empresas, todas ellas con entornos excesivamente contaminados, siempre de origen multifactorial, pues concurren factores químicos, biológicos, electromagnéticos o radiactivos, creando sinergias.

No debemos olvidar que todo efecto químico es siempre electroquímico, pues los electrones corticales son los responsables de las reacciones químicas, y el electrón es en esencia la electricidad. Por eso la presencia de agentes químicos en entornos con electropolución incrementa el riesgo de modo exponencial, pues genera millones de átomos y moléculas ionizados, o sea radicales libres, muy agresivos en el medio biológico interno.

Somos una inmensa minoría los que somos conscientes de la triste realidad actual, y dedicamos tiempo y energía a informar al ciudadano, a divulgar los riesgos en el entrono profesional, y a exigir a la administración una legislación restrictiva, para proteger la salud pública en aplicación del Principio de Precaución.

Afortunadamente como domoterapeutas podemos aportar soluciones, y en muchos casos hemos podido verificar que el malestar de la dueña de la casa o el absentismo laboral se elimina, o minimiza sus síntomas, tras nuestra intervención técnica, apantallando las radiaciones, eliminando materiales nocivos o modificando los sistemas de climatización, con los criterios biológicos de la domobiótica.

Quisiera terminar con propuestas optimistas, pues es posible armonizar los edificios enfermos con medidas correctoras, de acuerdo a las buenas prácticas de la bioconstrucción. Los factores prioritarios serán, la calidad del agua y del aire, los materiales e instalaciones biocompatibles, y la reducción del ruido y la electropolución, respetando una distancia de seguridad, y si es preciso mediante el blindaje electromagnético ante los focos de mayor riesgo como las antenas de telefonía.

Con estos criterios podemos sanear los edificios enfermos y tener casas y espacios de trabajo saludables. Esto es especialmente vital en los dormitorios, que deberían calificarse de ”zonas sensibles”. Si aplicamos las buenas prácticas de la bioconstrucción en el urbanismo, descubriremos que es posible vivir en ciudades sanas, ecológicas y sostenibles.

Nuestros políticos deben saber que vivir, estudiar o trabajar en ambientes nocivos tiene una repercusión socio-económica muy importante, pues afecta de manera muy seria a nuestro capital humano, como pone de relieve el Manifiesto de Barcelona, realizado por el grupo de expertos de Domosalud, equipo que coordino y donde participan varios de los autores de este libro. Estos factores de riesgo ambiental aumentan de manera espectacular el gasto de sanidad y el consumo de medicamentos, especialmente psicotropos y calmantes al favorecer por un lado patologías crónicas como insomnio, estrés, jaquecas, ansiedad, depresión, dolor inespecífico, reumatismo, asma, alergias. Y de otro lado reducen la atención y concentración, producen fatiga, absentismo, bajo rendimiento laboral, errores ante el ordenador y despistes inexplicables ante el volante.

El estado actual de la investigación, aún insuficiente, no ha podido determinar en algunos casos la relación causa-efecto, pero permite afirmar que existe una asociación directa entre la exposición continuada a estos factores de riesgo ambiental y la aparición de muchas patologías en los seres humanos.

En esta línea de trabajo, es de agradecer la investigación del doctor Fernández-Solá y su equipo del Hospital Clínico de Barcelona con las patologías emergentes, como el síndrome de fatiga crónica y la sensibilidad química múltiple, pues el debate en la comunidad científica está abierto. Y sería deseable que pronto sea operativa la nueva unidad de electrosensibilidad, o hipersensibilidad electromagnética, otro aspecto aún poco investigado en España.

Por todo ello, recomiendo una atenta lectura de este libro, que da respuesta a las preguntas de los pacientes con excesiva sensibilidad ambiental, aprendiendo a evitar los riesgos. Mi recomendación final es que hagan un estilo de vida sano, en contacto con la naturaleza, protejan sus casas y su espacio de trabajo, armonizando su hábitat con la bioconstrucción, y consecuentemente su salud se lo agradecerá.

© Carlos Martínez Requejo. Domoterapeuta.

NOTA
Este artículo fue publicado como prólogo del libro
SENSIBILIDAD QUÍMICA Y AMBIENTAL MÚLTIPLE
Sobrevivir en un entorno tóxico
Dr. Fernández-Solá y Dr. Santiago Nogué
Colección Oxígen – Viena Ediciones
Febrero de 2011