martes, 6 de noviembre de 2018

Electropolución soterrada

ALTA TENSIÓN SOTERRADA,
PELIGRO BAJO NUESTROS PIES 
¿Línea soterrada o apantallada? this is the question

Un despacho de arquitectura nos consulta sobre el posible impacto ambiental de una Línea de Alta Tensión de 66.000 V, que atraviesa diagonalmente la parcela de unos 40.000 m2, en Estepona, donde se proyecta una preciosa urbanización residencial.

Al igual que con otro cliente afectado en Granada, la propuesta de Sevillana-Endesa es el soterramiento de la línea eléctrica a pagar por el promotor. La línea discurrirá enterrada por el eje de los viales, pues la normativa prohibe que la alta tensión circule bajo las viviendas. En la práctica veremos que este soterramiento cumple la normativa legal vigente, pero no resuelve el problema de la electroplución en las viviendas.

 LAT 110 kV Valldoreix (BCN) actualmente soterrada

En 2001 las obras para soterrar las líneas de Alta Tensión en el Besós (Barcelona), se presentaron políticamente como una gran mejora ambiental y el cauce del río por donde discurrían varias Líneas de Alta Tensión se transformó en un bonito parque fluvial.
Como en tantas auditorías en Valldoreix, Sant Boi de Llobregat, Cardedeu, Cartagena, Granada, ahora en Estepona, o en cualquier entorno urbanizado, enterrar la línea de A.T. puede ser la política del avestruz.
Con el soterramiento escondemos el peligro visible, las torres de alta tensión, con un efecto estético y paisajístico, pero puede ser muy peligroso si no se respetan pasillos de seguridad, por lo que creo necesario alguna puntualización técnica referente a las Líneas de Alta Tensión soterradas.

En cables aéreos la distancia a las personas es de decenas de metros de altura, pero al estar enterrados los cables aproximadamente a un metro de profundidad, según el soterramiento estándar de Endesa, los campos eléctricos quedan eliminados (se derivan a tierra), pero los campos electromagnéticos, que atraviesan todos los materiales, son mucho más intensos por la proximidad a las personas.

Dado que en el Besós el uso del terreno recuperado será lúdico y recreativo, un parque fluvial, es de suponer la presencia de niños, bebés y embarazadas a ras del suelo, y ellos son un público de alto riesgo, potencialmente hipersensible.
En el caso de urbanización de Estepona se produce una afectación significativa por los campos magnéticos de un tercio del terreno urbanizable, afectado a calzadas, jardines y viviendas. Esto significa un riesgo mayor para a la salud de las personas pues se trata de residencia permanente, lo que pone en peligro la viabilidad de la promoción de viviendas.

Peligro bajo nuestros pies
En Valldoreix (Barcelona), en nuestra inspección de 2003 la línea aérea Rubí-Collblanc de 110 KV con cables a 10 metros de altura producía un campo magnético a nivel del suelo, de 1 microtesla (10 miligauss). Esto afectaba seriamente a la guardería infantil, y fué el motivo del proyecto de soterramiento a nuestras instancias.
En 2017 esa misma línea está enterrada a solo un metro bajo en suelo, e incrementa exponencialmente el campo hasta 5 µT (50 mG), lo que es muy peligroso para nuestra clienta que pretendía construir una casa unifamiliar en la Avinguda Baixador (Valldoreix).

Como se puede ver, ocultar el problema (enterrar la línea), no soluciona el problema (la radiación nociva), ya que el campo magnético no se atenúa al enterrarla, sino que se incrementa inversamente al cuadrado de la distancia (xD2).
De este modo el campo electromagnético no se ve, ni se siente (white polution), hasta diez o veinte años después (efecto a largo plazo), por lo tanto nadie protesta, y todo arreglado, un nuevo solar para la especulación urbanística y más votos.

Si no se crean pasillos de seguridad a cada lado de la línea de A.T donde esté excluida toda presencia humana, una zona vallada no pisable (como una autopista), el riesgo sanitario puede incrementarse de manera importante.
El ancho mínimo del pasillo, según el Informe Karolinska, debe ser de un metro por cada mil voltios (1 kV), o sea que con un tendido eléctrico de 220.000 V, deberá excluirse la presencia humana en una franja de 220 m a cada lado de la Línea de Alta Tensión.


Ya en 2007 la OMS reconoce los campos electromagnéticos de baja frecuencia como probable carcinógeno humano, pues considera que un campo magnético mayor de 0,3 µT (3 mG), puede incrementar el riesgo de patologías degenerativas más del 300%, especialmente leucemia infantil y cáncer.

Según las más avanzados estudios científicos se considera como “umbral biológico” un campo menor que 20 nanoteslas (0,02 µT–0,2 mG), por debajo del cual no se observan efectos biológicos indeseados, según recomienda la norma SBM-2015 (IBN), de referencia en bioconstrucción.



En el cuadro siguiente se muestra la enorme diferencia entre las diversas normativas y recomendaciones internacionales, lo que es un riesgo para la salud pública.



CAMPOS MAGNÉTICOS ALTERNOS (bajas frecuencias)


µT
nT
mG
Referencias
microtesla
nanotesla
miligauss
Normativas y recomendaciones
100
100.000
1.000
Real Decreto 1006/2001. UNE – 16501. ICNIRP.
20
20.000
200
Congreso US/EPA.
10
10.000
100
Rusia 2004.
1
1.000
10
Buwal Suiza 1999. Italia 2000.
0,40
400
4
Recomendación OMS/IARC 2007.
0,20
200
2
Norma Swedac. Karolinska Inst. 1993.
0,15
150
1,5
Límite de reversibilidad F. Franco 2000.
0,10
100
1
BioInitiative. Report 2007.
0,02
20
0.2
SBM-2015*


*) Nos referimos a la NORMA TÉCNICA DE MEDICIÓN EN BAUBIOLOGIE,  Standard SMB-2015, desarrollado por el Institut für Baubiologie+Nachhaltigkeit – IBN, de Neubeuern (Germany), que en su preámbulo dice:

Los valores indicativos en baubiologie son unos valores de precaución. Se refieren a las zonas de descanso y de sueño, el período de regeneración particularmente sensible del hombre, y al riesgo derivado a largo plazo.

Como podemos observar, por debajo de 20 nT (0,2 mG) se considera un umbral seguro pues no se observan riesgos sanitarios significativos. Para prevenir efectos nocivos a medio y largo plazo el valor deseable en el interior de una vivienda debe ser CERO.

Es evidente que el soterramiento estándar de Endesa es claramente insuficiente, carece de ningún tipo de protección electromagnética, pues generalmente se disponen las ternas con los tres cables paralelos, cada uno dentro de un tubo de polietileno.

La llamada compactación de línea, los cables especiales, como las disposiciones geométricas de las ternas, atenúan de modo insuficiente la emisión de campo magnético, como pudimos presenciar en el "experimento" montado por Fecsa-Endesa en la Escuela de Ingenieros Industriales de la UPC de Barcelona.
Hace falta un eficaz apantallado magnético del cableado subterráneo, con materiales de alta permeablidad magnética, que logren una atenuación significativa del campo magnético.

El apantallado electromagnético fue altamente eficiente en el caso de Granada, realizado en 2010, donde estaba en juego la salud con una niña de 5 años, afectada de linfoma. Se obtiene una atenuación del campo magnético mayor del 75%, con una reducción significativa dentro de la casa situada a unos 25 metros. Este apantallado tuvo un coste razonable, que incrementó del orden de un 15% el presupuesto total del soterramiento de la Línea de Alta Tensión de 132 kV.
En el mercado internacional disponemos de sistemas de apantallado que pueden alcanzar una atenuación efectiva del 95% e incluso más del 98% del campo magnético. Su alto coste solo se justifica en casos excepcionales, como en los centros sanitarios (bebés, embarazadas, etc.), donde el sistema inmunitario de los enfermos puede estar debilitado.

La red de alta tensión está bajo las aceras en todas las ciudades, como en la calle Santaló de Barcelona, donde caminamos inadvertidamente sobre los conductores eléctricos ignorando los campos electromagnéticos de muchos microTeslas apenas a setenta centímetros bajo nuestros pies. Esto conlleva graves efectos neurológicos, inmunitarios, y potencialmente cancerígenos a largo plazo.
Y no hace falta que sean líneas de alta tensión, por ejemplo en Santa Perpetua de la Mogoda mi clienta pierde a su marido por cáncer. Casualmente viven en una planta baja, y los cables de distribución de baja tensión (380 V) están enterrados bajo la acera a medio metro de la ventana de su dormitorio generando un campo magnético de 1,5 µT (15 mG) a nivel del suelo. Por un azar del destino, el hombre dormía en el lado de la ventana, con un campo magnético casi el doble que la mujer, que le sobrevivió.

La realidad es que la mitad de las aceras de pueblos y ciudades ocultan al menos una línea de baja tensión de 380 V, y muchas de ellas son líneas de alta tensión de 110 kV o de 220 kV, sin que exista una señalización de peligro, ni la población está informada del riesgo de los campos magnéticos soterrados.

Política del avestruz
Con frecuencia, como ocurre en Sant Jordi de Cercs o Sant Boi de Llobregat, con centros escolares afectados, la operación de soterrar líneas responde a intereses políticos, estratégicos o especulativos (liberar o recalificar terrenos), y sería bueno saber quién va a pagar la factura de la línea enterrada, porque puede ser que no sea la compañía eléctrica, sino el ciudadano.

Evidentemente el soterramiento de las líneas eléctricas favorece el enfoque de los conservacionistas, esos falsos ecologistas de visión parcial, que solo se preocupan de las águilas y las cigüeñas muertas, pero no de los ancianos o de los bebés, y por supuesto la línea eléctrica soterrada contenta a esos urbanistas que solo valoran el “skyline” y la belleza del paisaje.

Usando un lenguaje crudo y quizás extremista, pero literal, podría calificarse de genocidio la actual política de seguridad sanitaria en el sector eléctrico. Pues la electropolución puede afectar, a largo plazo, al potencial genético de toda la población y reduce la eficacia del sistema inmunitario, de manera permanente e indiscriminada. Podemos afirmar que las líneas eléctricas soterradas son uno de los factores ocultos del incremento de enfermedades degenerativas. 

© Carlos Martínez Requejo, 2018.

 



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